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Las múltiples caras de la pobreza

Pobreza material, pobreza alimentaria, pobreza visual, pobreza energética, pobreza menstrual, pobreza laboral, pobreza infantil… Da igual cómo lo llames, es pobreza al fin y al cabo y España ostentan uno de los índices más altos de Europa.

La pobreza es un término amplio que abarca varias dimensiones y se manifiesta de diversas formas, ya sea como pobreza material (carencia de recursos), alimentaria, visual, energética, menstrual, laboral, infantil…. Sin embargo, más allá de las etiquetas que le pongamos, la realidad es una: cada vez hay más personas pobres en España.

De hecho, el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión socialen España aumentó medio punto porcentual el año pasado, pasando del 26% al 26,5% en 2023.

A continuación, exploramos las múltiples manifestaciones de la pobreza y desciframos sus etiquetas.

Pobreza material

La pobreza material es la forma más evidente de privación económica. Se refiere a la falta de recursos básicos como alimentos, no disponer de una vivienda adecuada, no poder pagar los suministros básicos del hogar, carecer de productos básicos de higiene y limpieza; carecer de ropa y calzado en buen estado, no poder permitirse gastos educativos, sanitarios o de transporte… Así hasta 15 ítems.

De medirla se encarga la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES) a través de la tasa AROPE. Se trata de un indicador que se obtiene a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE) y que determina que una persona está en riesgo de pobreza o exclusión social cuando cumple alguna de estas tres condiciones: estar en riesgo de pobreza, tener carencia material y social severa o residir en un hogar en el que haya una baja intensidad en el empleo.

En Acompartir nos dedicamos a proveer de productos básicos como ropa, artículos de higiene limpieza, etcétera, a colectivos en riesgo de exclusión social gracias a una red de casi 200 empresas que donan sus excedentes de producción.

Pobreza alimentaria

Es, quizás, la pobreza de la que más se habla, por el gran impacto visual que suponen las colas del hambre. Pero, desgraciadamente, ésta solo es la punta del iceberg, como veremos en adelante.

 La pobreza alimentaria se centra en la incapacidad de las personas para acceder a una alimentación nutritiva, saludable y suficiente. Según la última encuesta del INE, el 6,4% de los hogares españoles no puede permitirse consumir carne, pollo o pescado al menos dos veces a la semana. El caso de los niños es aún peor. El 7% de los menores de 16 años, alrededor de medio millón de personas, no ingieren con regularidad este tipo de productos básicos.

Lejos de pesar que la inseguridad alimentaria puede ser algo coyuntural por el encarecimiento de la cesta de la compra, FESBAL denuncia que este tipo de pobreza parece haberse cronificado, ya que más de 1,2 millones de personas necesitan ayuda para cubrir sus necesidades básicas de alimentación.

Pobreza energética

La pobreza energética es otra manifestación de la privación económica y se manifiesta cuando una persona no puede permitirse el acceso a servicios básicos como la calefacción o la electricidad para calentar o enfriar sus hogares.

El 20,7% de los españoles, es decir uno de cada cinco, no puede permitirse mantener su casa a la temperatura adecuada para la salud, entre 18 y 22 grados en invierno y los 25 grados en verano, según recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

Vivir en una casa con temperaturas bajas o con humedades de forma prolongada puede tener graves consecuencias para la salud física y el bienestar mental, que perjudican especialmente a niños, adolescentes y personas mayores.

Pobreza visual

Es la pobreza que se refiere a la falta de acceso a servicios de salud ocular y corrección de la vista. La escasez de recursos económicos para recibir un diagnóstico a tiempo y una adecuada corrección puede derivar en problemas de visión, lo que afecta a la calidad de vida de las personas o limita sus oportunidades de desarrollo personal o profesional.

Se calcula que en España unos 760.000 menores tienen problemas visuales sin corregir por falta de recursos económicos, por ello, el Ministerio de Sanidad estudia una proposición de Ley para que las gafas y lentillas de personas en situación de vulnerabilidad sean cubiertas por la Seguridad Social.

Pobreza menstrual

Dos de cada diez españolas sufren pobreza menstrual, es decir, tienen serias dificultades para acceder a productos de higiene menstrual básicos, como tampones, compresas o toallitas higiénicas. La privación de estos recursos implica utilizar productos mucho más tiempo del recomendado o usar materiales improvisados como trapos, papel higiénico o incluso hojas, aumentando el riesgo de infecciones y enfermedades.

Además del impacto directo para la salud, por el riesgo a contraer infecciones, la pobreza menstrual también puede causar estrés emocional, vergüenza o humillación e, incluso, puede ser una causa del absentismo escolar o laboral.

Pobreza laboral

A pesar de que el Salario Mínimo Interprofesional subió en enero de este año un 5%, la inflación ha motivado que cada vez más trabajadores tengan más dificultades para llegar a fin de mes.

Los bajos salarios, la inestabilidad laboral, la precariedad en las condiciones de trabajo o la falta de seguridad en el empleo, hacen que, a pesar de trabajar largas jornadas, muchas personas no logren pagar sus facturas a final de mes.

Independientemente del apellido o de la etiqueta que se le ponga, los pobres no dejarán de ser pobres mientras no se aborde la pobreza desde una perspectiva estructural o se siga perpetuando la desigualdad, así como la falta de acceso a oportunidades educativas, económicas y sanitarias.

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